La familia salió del clóset Por: Iván Amézquita (@Dgamelicenciado)

«El vínculo que te une a una verdadera familia no es de sangre, sino de respeto y alegría por la vida de otro» -Richard Bach.

Cuando oímos hablar de familia casi siempre pensamos en ese concepto tradicional que construyeron en nuestras cabecitas: papá, mamá e hijos. Este es el modelo tradicional al cual nos adoctrinaron. Pero esta definición dista mucho del significado que hoy abarca la palabra, que se ha hecho un tema de debate (o polémica). Es preciso, entonces, que aclaremos primero qué carajos es, hoy en día, eso de la «familia».

En una primera instancia nos vamos a la fácil. Sin socavar en el tema, acudamos a una definición simple: La familia (del latín familia) es un grupo de personas formado por individuos unidos, primordialmente, por relaciones de filiación o de pareja. El Diccionario de la Lengua Española la define, entre otras cosas, como un grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas,​ lo que lleva implícito los conceptos de parentesco y convivencia, aunque existan otros modos, como la adopción. Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos es el elemento natural, universal y fundamental de la sociedad, tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.

Así pues, a simple vista, nos queda claro que la idea de familia no simplemente tiene que ver con un concepto ligado a los «lazos de sangre». Parece que va más allá de lo genético, tiene que ver también con la convivencia y el reconocimiento de los derechos. Y es que en este país de godos y fanáticos religiosos, desde la constitución de 1991, la familia en la normatividad colombiana se ha tomado el cariz de una figura de desigualdad. No hay que tener dos dedos de frente para entender que una «familia» se conforma de diferentes formas y no sólo de la que nos indica la constitución. Pues bien, como lo acabamos de leer, hasta la Wikipedia nos indica hay varios tipos de familia y que, además, intervienen otro tipo de factores a la hora de querer conformar una.

Por lo tanto, asumiremos que el concepto de familia trasciende esa organización heteronormativa que nos han impuesto y de la que muchos se sienten orgullosos. Y es que en nuestra sociedad colombiana, a través de los años, se ha venido transgrediendo tal concepto. Hasta no hace mucho, conformar una familia en nuestro país necesariamente se concebía como el matrimonio o la unión marital.

Y entonces, ¿dónde encajamos el resto? Usando el modelo actual, cuando hablamos de familias LGTBIHIJKLZ… se suele pensar únicamente en parejas homoparentales con hijos. Pero, por ejemplo, mi mamá hasta los 28 años se vino a enterar por mi boca (porque saberlo, siempre lo hizo) que me gustaban los hombres. Esto no significa que dejemos de ser una familia «normal», según la constitución. Aun así, creo que somos una familia que necesita ser reconocida y que por ende la sociedad no nos puede ignorar; siento que mi familia tiene los mismos derechos que la de una conformada por heterosexuales.

No aceptar que existen otras visiones de familia implica vulnerar los derechos, en diversos aspectos, a miles de familias que rompen con el modelo heteropatriarcal. De ahí, la importancia de que nuestra sociedad colombiana, reconozca la evolución del concepto de familia.

En muchas sociedades, principalmente las del mal llamado «primer mundo», las familias están unidas por lazos puramente afectivos, más que sanguíneos o legales. De hecho, en muchas ocasiones, las noticias, el cine o la literatura se han encargado de demostrarnos que no hay nada más distópico que las familias ‘gringas o europeas: allá están revueltos todos con todos, se dice.

Incluso, recuerdo por allá en el 2008 a un tal Thomas Beatie, un tipo que se hizo famoso dizque por ser el primer hombre embarazado del planeta. Fue de esos fenómenos virales. Según leí, el tipo en la actualidad no tiene sólo un hijo sino tres. Se divorció y se volvió a casar. Lo menciono porque sin importar cómo esté conformada su familia, él logró que legalmente se le reconocieran sus derechos. Por supuesto, tuvo que pasar por innumerables batallas legales, pero obligó a las instituciones sociales a reconocer que no pueden permanecer vendadas por mucho tiempo. En la actualidad, las instituciones como el matrimonio y la unión marital sufren constantes cambios, de acuerdo a las necesidades sociales.

Sin ir más lejos, acá tenemos a la directora del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, Brigitte Baptiste (Luis Guillermo Baptiste), reconocidísima exprofesora de la Javeriana. Ya hace mucho tiempo es conocida en diferentes espacios sociales y, hasta el 2015, a sus 51 años de edad, divorciado y con dos hijas, decidió emprender batallas legales a través de un trámite: cambiar el sexo que tenía registrado ante el Estado.

Entender todo lo que implica este reconocimiento legal es un tema que no es el momento de abordar. No obstante, así como la familia de Brigitte Baptiste, existen en Colombia muchísimas familias homoparentales que funcionan bien, pero que viven ocultas por el miedo a ser condenadas socialmente.

Es necesario que entender que la familia no sólo se conforma por medio de un hombre y una mujer en una unión marital o del matrimonio. El término de familia actualmente incluye a las parejas del mismo sexo y otro tipo de familias. Conformar una familia no es una cuestión de sexo o género, tener una familia hace parte de la construcción de una alianza y un proyecto de vida en común.

Conformar una familia no es una cuestión de sexo o género, tener una familia hace parte de la construcción de una alianza y un proyecto de vida en común.

En pocas palabras, históricamente el estado colombiano tergiversó un concepto que para la actualidad se aparece totalmente retrógrado. Aunque se han hecho grandes avances en nuestras leyes y ha habido fallos importantes de la Corte Constitucional respecto al tema, es importante reconocer que las familias en la actualidad están organizadas de diferentes formas, sexos, géneros e identidades.

Son una realidad social a la cual se les debe garantizar y respetar sus derechos, pues sean como sean —o lo que sean— son la base de nuestra sociedad. Y es que si hasta el mismísimo ‘Pachito Santos’ afirma que está orgulloso de tener una familia diversa, ¿por qué nosotros no?

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