El #MeToo, un grupo de apoyo anónimo

Las redes sociales se han convertido en una suerte de grupo de apoyo donde las personas pueden expresarse con la ventaja de creer que son oídos. Cada participación implica la espera del aval del otro, dado a través de un Like, de un comentario o de compartir su contenido. Twitter es quizá la red social donde la función de grupo de apoyo se ve con mayor claridad. A ella se le suma que, a diferencia de otras redes, el anonimato es más efectivo. El grupo de Seguidores conseguido ―en la mayoría de las ocasiones―, poco o nada tiene que ver con personas del círculo «real» del usuario, quien ve en eso libertad para decir cosas que en otras redes y, en la vida real, no se atreverían.

No es en vano que sólo en Twitter haya podido hacerse viral una etiqueta (hashtag) donde las mujeres pudieron narrar sus experiencias alrededor del acoso y del abuso que han sufrido por parte de los hombres. La psicología (y el psicoanálisis, principalmente) han ahondado en la importancia de la narración como terapia. El contar, en tanto ficcionalización-narración, del hecho traumático posibilita «entregarlo» a la memoria colectiva. El éxito del #MeToo, #YoTambién (y sus variantes en los demás idiomas) radica justamente en que dio a las mujeres la oportunidad de construir una narración, distante del juzgamiento social al que la sociedad las ha hecho temerosas. 

La frase: «No es sólo una ni es un hecho aislado», se convirtió en una arenga que cobijó bajo ella el sentido de lo comunitario y de la expresión de un flagelo que afecta a todas las mujeres del mundo.

Sin embargo, atrás de toda expresión cuya intención es buena, se abren espacios para repetir ciertas dinámicas que el mismo hashtag buscaba condenar: el sexismo. Así cueste creerlo, el porcentaje de hombres que acosan o abusan no suman una mayoría. La sensación de mayoría deriva de un talante humano mediante el cual recordamos con mayor claridad los hechos que consideramos malos. No obstante, asumiendo como verdadero el imaginario femenino de que los hombres «acosan» y «violan», la acusación indiscriminada de que en el sexo masculino es inherente la agresión por el hecho azaroso de nacer con un órgano sexual diferente, no solo es injuriosa sino mentirosa; además de que perpetúa una círculo de violencia de género que es incompatible con el objeto que motiva #MeToo y #YoTambién.

Un ejemplo:

O, este tuit, donde la tuitera asume que los hombres no sufren de acoso, cuando las estadísticas dicen lo contrario:

No podemos esperar que la emoción no intervenga en un tema tan sensible. Pero tampoco se pueden apoyar falsas generalizaciones sobre lo masculino cuando la evidencia muestra que no todos los hombres violan ni acosan y que muchos de ellos se han unido en la lucha por el respeto a la mujer.

La iniciativa es de lo más genial que se ha visto en Twitter. Y en Medio & fin nos unimos a #YoTambién con este video que recuerda que la lucha es, sobre todo, válida y necesaria.

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